Datificio es un neologismo que inventé para que acciones como motto de la muestra Hashtag 4.
A partir de esta idea y del foco sobre la identidad que integramos en la curaduría con Gabriela Serkin, surgió la idea de dar la bienvenida a los vistantes a través de un ticket. Es la bienvenida al datificio.

Pensé Bienvenida al datificio como una obra de acceso: una instalación situada en el umbral de la exposición que detecta la llegada de cada visitante y comienza a dirigirse a él. Una estructura de caños negros contiene los sensores y oculta parcialmente el mecanismo. Desde allí, la obra percibe una presencia, mide su proximidad y activa una breve secuencia de mensajes y sonidos perdidos.
La progresión parece natural, pero la máquina no reconoce realmente un rostro, un nombre ni una historia. Ni siquiera sabe quién tiene delante. Apenas ha detectado un cuerpo que alcanza para hablar como si conociera a la persona, atribuirse la capacidad de verla y, finalmente, ofrecerle un consejo.
En ese desplazamiento entre detectar y reconocer se encuentra el núcleo de la obra. La medición se transforma en identificación; la identificación, en interpretación; y la interpretación, en una intervención sobre quien está allí. Es una secuencia habitual en los sistemas contemporáneos: unas pocas huellas son suficientes para producir perfiles, anticipar comportamientos y construir una representación que comienza a actuar en nuestro nombre.
La secuencia finaliza con la impresión de un texto acompañado de un enlace a su autor. Se trata de un encuentro contingente con la voz de otra persona que también escribió en la publicación que acompaña a toda la muestra. La obra, lejos de acertar, escenifica la facilidad con la que atribuimos sentido y autoridad a una respuesta producida automáticamente.

Simulación de la obra situada
